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sábado, 22 de diciembre de 2012

MENTIRAS DE LA HISTORIA 02



Los hechos diferenciales de Cataluña: La bandera y el idioma.
Generalmente son los políticos los que quieren reescribir la historia, especialmente los denominados nacionalistas. Pero para escarnio de estos, y para bien o para mal, la historia está escrita (léase documentada) y es bastante difícil cambiarla con posterioridad, por no decir imposible. Respecto de lo que se denomina hechos diferenciales de Cataluña, vamos a ir desgranando uno por uno su autenticidad, para que la gente no se deje manipular, de aquí en adelante.


El territorio ganado a los musulmanes por los francos se configuró como la Marca Hispánica, e iba de Pamplona hasta Barcelona. De todos ellos, los que soberanía fueron los de Pamplona, constituido en reino (824), con denominación posterior de reino de Navarra y el de Aragón, constituido en condado independiente en 809; los otros, Urgel, importante sede episcopal y condado con dinastía propia desde 815; y el condado de Barcelona, que con el tiempo se convirtió en hegemónico sobre sus vecinos, los de Ausona y Gerona.
El escudo heráldico del Condado de Barcelona es el de la Cruz de San Jorge, de gules sobre campo de plata. La cruz, como señal distintivo de la ciudad ya se encuentra en un sello de1228. La cruz de San Jorge aparece también en una pintura mural del salón del Tinell del siglo XIII en representación de tropas barcelonesas. De hecho, en las Ordinacions de la hueste vecinal de 1395 se precisa que: «Que per los Consellers, de present sia fet un penó larch ab senyal de Sant Jordi, ço és, la creu vermella e lo camp blanch, qui és senyal de la ciutat». La cruz del santo se constituye así en símbolo oficial y distintivo de los ciutadans honrats, aunque ya debió serlo desde tiempo atrás.
Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona se casa con Petronila, hija del rey aragonés Ramiro II de Aragón el 13 de noviembre de 1137, y el hijo de ambos, Alfonso II gobernó como Rey de Aragón, conde de Barcelona, y marqués de Provenza, pasando la dignidad real de Ramiro II de Aragón a su nieto directamente a su mayoría de edad. Era pues lógico que Alfonso II, rey de Aragón, que a su vez era conde  de Barcelona, uniera el escudo heráldico de su casa real, la de Aragón, con el escudo heráldico de su condado de Barcelona. A partir de ese momento, el conde de Barcelona, que no era otro que el rey de Aragón, ostento sus armas en el escudo condal, compuesto por el de la Casa Real de Aragón y el que hasta entonces fuera el del Condado de Barcelona, cuatro barras en gules sobre campo dorado y la mencionada cruz de San Jorge, respectivamente.
Pero el origen primero de los gules es muy épico, muy de acuerdo con el carácter aragonés. Los guerreros aragoneses se defendían con un escudo circular de madera. Lógicamente, por muy resistente que sea la madera con la que el infante confeccionaba su escudo, este se quebraba fácilmente ante los envites y golpes de las armas metálicas del enemigo. Para evitar esta complicación, los guerreros aragoneses reforzaban su escudo con cuatro tiras metálicas colocadas paralelamente. Si a esto unimos la costumbre de pintar la impedimenta de batalla de colores vivos y agresivos, ya podemos imaginar de qué color pintaron los soldados aragoneses las tiras metálicas de sus defensas, de rojo, el color que más agresividad representa.
Respecto al campo o fondo en oro de la bandera, su origen se encuentra en el enfeudamiento o vasallaje del rey aragonés Sancho Ramírez con la Santa Sede. Era costumbre que el Papa concediera a sus vasallos el campo dorado, que era de mayor dignidad que el plateado.
Este escudo no lo llevaron los Condes de Barcelona, excepto el último de ellos, es decir Ramón Berenguer IV, y lo llevo precisamente al ser Príncipe consorte de Aragón, por matrimonio con Doña Petronila Reina de Aragón.
Los esponsales con su ceremonia se realizaron en 1137, y Berenguer IV Conde de Barcelona no usó del emblema de las Barras de Aragón hasta 1157 (o tal vez hasta 1150), debemos afirmar que aunque gobernaba con el beneplácito de su suegro y de sus nobles, no se consideraba Príncipe de Aragón hasta que el matrimonio no fue consumado.
Pues pudieran haber ocurrido muchos acontecimientos, contrarios, fue entonces cuando ya teniendo herederos, se sintió de verdad Príncipe de Aragón y es a partir de ahí cuando apareció por primera vez en la historia un Conde de Barcelona llevando en las gualdrapas de su caballo y en su túnica todas las barras de Aragón.
Por tanto las barras son de Aragón y no catalanas aunque después de estos acontecimientos los Condes de Barcelona, el Reino de Valencia, Baleares, Sicilia, Nápoles, la ciudad valenciana de Alguer e incluso el sur de Francia tengan en sus escudos heráldicos la señal “DEL REY “como prueba de que todos ellos formaban parte de la gloriosa Corona de Aragón, como así aparece en documentos, testimonios, historia, escudos, pinturas, tablas, manuscritos, ilustraciones, pergaminos, bordados y tejidos.
“Según el ordenamiento político internacional y su jurisprudencia, la actual Cataluña era territorio francés y así fue hasta el 16 de julio de 1258, cuando se realiza el Tratado de Corbeil. Se trata de un documento interesante y transcendente. Pone de relieve una irrefutable realidad histórica que derriba estrepitosamente la mentira estrafalaria de los ahora llamados “países catalanes”.
El actual territorio catalán está enmarcado como territorio francés. No es error. Los ocho condados autónomos de lo que es hoy Cataluña pagaban entonces vasallaje feudal a la corona francesa.
Por esto  el citado Tratado se inicia con estas palabras: “Es universalmente conocido que existen desavenencias entre el señor rey de Francia y el señor rey de Aragón, de las Mallorcas, y de Valencia, conde de Barcelona y Urgel, señor de Montpellier; por lo que el señor rey de Francia dice que los condados de Barcelona, Besalú, Urgel, etc. son feudos suyos; y el señor rey de Aragón dice que tiene derechos en Carcasona, Tolosa, Narbona, etc.”
Se deduce que los condados de la parte española estaban mejor relacionados con Aragón y que los del sur de Francia, con el rey francés. Siguiendo consejos de “hombres buenos” el rey francés (Luis IX) cede a Jaime los condados de la parte española y el aragonés cede a Luis sus derechos en la parte francesa. Este es en síntesis el Tratado de Corbeil. Su importancia histórica transcendente es que se firma 29 años después de la reconquista de Mallorca y 20 de la de Valencia.

Ante este hecho contrastado internacionalmente caen por su base muchas falsedades que se enseñan en libros de texto:

1.    Es falso que “la corona catalano-aragonesa” conquistara Mallorca y Valencia. Cataluña no existía entonces. ¿Qué invención es ésta de “corona catalana”?

2.    Es imposible que una Cataluña, inexistente política, jurídica, y hasta geográficamente tuviera lengua propia. ¿Cómo pudo dar la lengua catalana a Mallorca y Valencia? ¡Esto sí que es un milagro!

Después del Tratado, Jaime comenzó su labor legisladora comenzando por la moneda (1 de agosto, 1258. Jaime I legisla sobre la moneda de Barcelona), acercando políticamente los condados ya oficialmente feudatarios suyos. Con el tiempo todo el territorio se llamó Cataluña.
¿Qué lengua hablaban? Obviamente, el occitano, provenzal o lemosín propio del sur de Francia y condados de la Marca Hispánica. Lean libros magistrales de la también colaboradora de Baleares Liberal, Teresa Puerto, al efecto. La lengua catalana se llamó oficialmente “llemosí” hasta la segunda mitad del siglo XIX.
¿Comprenden por qué los historiadores pancatalanistas silencian siempre que pueden la verdad del Tratado de Corbeil?
Así que eso, ahora vas y lo cascas.

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