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jueves, 29 de noviembre de 2012

MENTIRAS DE LA HISTORIA 01



Los hechos diferenciales de Cataluña: La soberanía que nunca tuvo.
Generalmente son los políticos los que quieren reescribir la historia, especialmente los denominados nacionalistas. Pero para escarnio de estos, y para bien o para mal, la historia está escrita (léase documentada) y es bastante difícil cambiarla con posterioridad, por no decir imposible. Respecto de lo que se denomina hechos diferenciales de Cataluña, vamos a ir desgranando uno por uno su autenticidad, para que la gente no se deje manipular, de aquí en adelante.
           Cuando se habla de la soberanía e incluso de tales antecedentes históricos, en realidad esos políticos no se están ajustando a la verdad. En el territorio que hoy se denomina Cataluña, no ha existido ningún estado soberano en toda su historia, fuera cual fuera su denominación.

Desde el punto de vista histórico, y cuando la Península Ibérica estaba ocupada, casi en su totalidad por los árabes, en la Dieta de Paderbon se recibió en el año 777 a los representantes de los gobernantes musulmanes de las ciudades Zaragoza, Gerona, Barcelona y Huesca, quienes ofrecieron homenaje a cambio de ayuda militar, al rey de los francos. En 778, el ejército franco atravesó los Pirineos Occidentales, mientras que los austrasios, lombardos y burgundios cruzaban los Pirineos Orientales. Los ejércitos se reunieron en Zaragoza y recibieron el homenaje de Sulayman al-Arabi y Kasmin ibn Yusuf.
La ciudad de Zaragoza no cayó con la rapidez que Carlomagno pensaba y, temiendo una derrota, decidió retirarse. Carlomagno no podía confiar en los musulmanes ni en los vascones, a quienes se había enfrentado durante su conquista de Pamplona, y se retiraba de la península ibérica por el Paso de Roncesvalles. Los vascones cayeron sobre su retaguardia y carros de carga, destruyéndolos. La batalla de Roncesvalles, arrojó varios famosos muertos, entre los que se encontraba Roldán, posterior inspiración del Cantar de Roldán (Chanson de Roland), el famoso cantar de gesta francés.
En Hispania, la lucha contra los muslmanes continuó sin disminuir en intensidad durante toda la segunda mitad del reinado de Carlomagno. En 785, los soldados de su hijo Luis, que se encontraba encargado de defender la frontera con la Hispania árabe, conquistaron Gerona de forma permanente y extendieron el control franco al litoral; control que se mantuvo durante el resto del gobierno de Carlomagno. Los líderes musulmanes del noreste de la España islámica se sublevaban continuamente contra las autoridades cordobesas y, a menudo, pedían la ayuda de los francos, cuya frontera continuó expandiéndose lentamente hasta 795, año en que Gerona, Cerdaña, Osona y Urgel fueron agrupadas en la nueva Marca Hispánica, dentro del antiguo ducado de Septimania.
En 797 Barcelona cayó ante los francos cuando Zeid, su gobernador, se rebeló contra Córdoba y, tras fracasar, la entregó a Carlomagno. Pese a que las autoridades omeyas consiguieron reconquistarla en 799, Luis marchó junto a todo su ejército, cruzó los Pirineos y asedió la ciudad durante dos años, pasando allí el invierno desde 800 a 801, hasta su rendición. Los francos continuaron arremetiendo contra el emir: en 809 ocuparon Tarragona y, en 811,Tortosa. Esta última conquista los llevó hasta la desembocadura del Ebro y les permitió el acceso a Valencia, lo que impulsó a que el emir Alhaken I reconociera sus conquistas en 812.
El territorio ganado a los musulmanes se configuró como la Marca Hispánica, en contraposición a la Marca Superior andalusí, e iba de Pamplona hasta Barcelona. De todos ellos, los que alcanzaron mayor protagonismo fueron los de Pamplona, constituido en el primer cuarto del siglo IX en reino (824), con denominación posterior de reino de Navarra; Aragón, constituido en condado independiente en 809; Urgel, importante sede episcopal y condado con dinastía propia desde 815; y el condado de Barcelona, que con el tiempo se convirtió en hegemónico sobre sus vecinos, los de Ausona y Gerona.

Wilfredo el Velloso fue el último conde de Barcelona designado por la monarquía franca y el primero que legó sus condados a sus hijos. A partir de entonces, los condados se transmitieron por herencia y los reyes francos simplemente sancionaron la transmisión. De esta forma, se crea la base patrimonial de la casa condal de Barcelona.

Gracias al apoyo mostrado a Ramiro II de Aragón en contra de Alfonso VII de León, aquél le ofreció a su hija Petronila, de un año de edad, en matrimonio a Ramón Berenguer IV el Santo, Conde de Barcelona. La boda se celebró en Lérida, mucho más tarde, en el mes de agosto de 1150. El 13 de Septiembre de 1137, Ramiro depositó en su yerno el reino pero no la dignidad real, firmando este en adelante como Conde de Barcelona y Príncipe de Aragón. Luego renunció al gobierno (aunque no a su título de rey, pues seguía siendo el Señor Mayor de la Casa de Aragón en tanto que su nieto Alfonso no cumpliera la mayoría de edad) y volvió al convento. De esta manera, Ramiro cumplió la misión de salvar la monarquía y así también se uniría el Reino de Aragón con el Condado de Barcelona.
Los acuerdos matrimoniales por los que se rigió el enlace se establecieron según el derecho aragonés y, según algunos historiadores, se establecieron bajo la forma de Matrimonio en Casa. Esto supone que, al no haber heredero varón, el esposo cumple la función de gobierno, pero no la de cabeza de la casa, que sólo se otorgará al heredero. A partir de este contrato, quien tiene la última potestad no es el esposo, sino el Señor Mayor de la Casa de Aragón, hasta que el heredero legítimo adquiera la potestad (y en el caso del reino de Aragón, el reino, título de rey y cabeza de la Casa de Aragón) y, por tanto, asumía el linaje de la Casa de Aragón él y sus herederos in saecula saeculorum, por lo que, desde ese mismo momento, según un sector de la historiografía, se extingue el linaje de la Casa de Barcelona, tras el Casamiento en Casa en que se subsume en la Casa de Aragón en 1137, o bien se considera que perdura hasta la muerte sin descendencia masculina de Martín el Humano en el año 1410, según otros historiadores. Incorporó a su reino las tierras occitanas de Provenza, el Rosellón y el Pallars Jussà.
Alfonso II gobernó como rey de Aragón, conde de Barcelona y marqués de Provenza; ya se omitía el título correspondiente a Sobrarde y Ribagorza. Estos eran antiguos condados unidos al Reino de Aragón en tiempos de Ramiro I. También se omitían ya los condados que llevaban varias generaciones unidos al condado de Barcelona, como los de Gerona, Osona y Belasú.
La fecha en la que los condados catalanes se independizan de Francia es el 11 de Mayo de 1258 con el tratado celebrado en Corbeil entre Jaime I de Aragón, el Conquistador, y el rey de Francia Luis IX. En dicho tratado ambos reyes cedieron derechos sobre territorios, Jaime I sobre territorios occitanos y el francés sobre los condados al sur de los Pirineos, que pasaron a depender únicamente del monarca de Aragón.
El estado de Andorra en los Pirineos y su historia proporcionan un típico ejemplo de los señoríos feudales de la región, siendo la única pervivencia actual de la Marca Hispánica.
Está claro, el condado de Barcelona, que hiciera hereditario en su día Wilfredo el Velloso, a pesar de contener algunos otros condados como los de Gerona, Osona y Belasú, no llegó a ser independiente del reino de Francia hasta el tratado que se cita, y cuando dicho condado era titular el rey de Aragón Jaime I. Es decir, la soberanía de los condados de la Marca Hispánica, que es como se denominaba aquel territorio entonces, pasaron de la soberanía de Francia a la soberanía del Aragón. Y nunca de otra manera.
Aqueste muy noble varón, prissó por muller la filla de Don Remiro rey de Aragón nombrada Peronella et depues fue nombrada Vrracha, con la qual prisó el dito Regno en axuar en el año de nuestro Senyor M.C.XXX.VII... et se clamaua Princep de Aragon et Conte de Barçelona, que non quisieron consentir los aragoneses que se clamasse Rey, mas su fillo Don Alfonso se clamó Rey.
 Cronica de San Juan de la Peña en aragonés. Edición digital a partir de la edición de Tomás Ximénez, Biblioteca Virtual Joan Lluís Vives, Alicante, 2004, pág. 127.
Así que eso, ahora vas y lo cascas.

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