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lunes, 15 de noviembre de 2010

EL IMPUESTO DE LOS BOLSONES

Cuando pagamos impuestos, nos gusta saber a que van destinados y cuando, a veces, nos enteramos a donde van, se nos quitan las ganas de pagarlos, a que si.
Nota del autor: Artículo publicado en EL CONFIDENCIAL DIGITAL el día 3 de Septiembre de 2009
“…Había viajado yo a aquella localidad, entre otras cosas, por hacer unas fotitos a ciertos monumentos, pues es sabido que a mi eso me priva, oyes.
Pues como iba diciendo, me disponía yo a entrar en uno de esos monumentos, declarado patrimonio nacional, según el cartel de la entrada, y ¡oyes!, que nos pedían una “entrada simbólica” de 3 € para poder acceder, tocándome con el primer euro, la moral, con el segundo los “bolsones” y con los tres juntos los bolsillos.
Yo, claro está, entre dientes, y mirando a mi esposa, que hacia ademanes de que me callara, y no montara un espectáculo, hice un comentario a cuenta de los “bolsones”, que no me acuerdo muy bien de si estaba hasta los mismos de que me cobraran por todo, o si aquello, lisa y llanamente, me los tocaba a dos manos.
Enseguida salto el listo de la cola (por que en todas las colas hay un listo), de que aquello de la entrada, es decir los 3 €, de marras, están destinados al mantenimiento de la iglesia que íbamos a visitar, entendiendo por mantenimiento, o eso al menos creía yo, el de la iglesia como monumento del patrimonio nacional, es decir al cuidado de sus imágenes, altares, pulpitos, etc., como elementos todos ellos artísticos de un todo que constituye la iglesia.
Yo mire “al listo”, y no quise decirle nada de los carteles que había visto en la entrada, y de que además de cobrarnos no íbamos a poder visitar toda la iglesia por que la misma estaba en obras, por que yo creía que aquel momento y lugar, no era el propicio para entablar una conversación con diferentes puntos de vista, respecto de un problema, lo que vulgarmente se llama una discusión, mas o menos acalorada, por si la cosa iba mas y nos alterábamos y al final nos acordábamos de los tan mencionados “bolsones”. Así pues, suspire hondo, trague saliva, metí la mano en los bolsillos que estaban junto a mis “bolsones” y extraje del monedero los dichosos 6 € de los susodichos “bolsones”, vamos 1000 de las antiguas pesetas. Mi mujer, me miro, sonrío, y asintió con la cabeza.
Antes de pasar, mi entrecejo se arrugo de nuevo, mira por donde había un letrero donde con un icono de una cámara fotográfica tachada, debajo decía que no se podían hacer fotos en el interior del templo. Otra vez los “bolsones” se agitaron, aunque esta vez, y por que no se molestara más mi señora, dije algo, pero ininteligible, una de esas frases utilizadas muy a menudo para protestar por un atropello tal, y es que de haber sabido que no se podían hacer fotos, no se si me hubiera sacado las entradas, pero el mal ya estaba hecho.
Otra vez “el listo” apostilla, claro es natural que no se puedan hacer fotos, por que la luz del flash daña los policromados de las imágenes.
Yo volví a mirar “al listo”, justo cuando pasaba yo por delante del expositor de tarjetas postales de fotografías de imágenes, altares, capillas, etc., del interior de la iglesia, al precio único de 1 €, o bien una tira de 20 imágenes al precio de 10 €, según rezaba el cartel, al efecto, y no dije nada, mas que nada por mi esposa, y claro que no era el lugar, ni el momento, etc., me dije para mis adentros, así que respire hondo, seguimos al interior del templo, a la vez que guardaba mi cámara fotográfica.
En el interior lo que me suponía, una parte de la iglesia estaba cerrada, por obras, no pudimos ver varias capillas ni el coro, pero lo demás no me defraudo.

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